Es cierto que cada día las cosas son más complejas y desempeñar cualquier tarea dentro de una organización requiere cada día más enfoque, conocimiento e inteligencia. Aún así nos enfocamos en enredar más las cosas con documentos de políticas muy extensos, sabanas de papel que contienen innumerables reglas y códigos de conducta más grandes que una enciclopedia.
Tratamos de programar, y hasta cierto punto, encajonar al personal que debe ejecutar y tomar decisiones en la empresa. Los estándares ciertamente no fueron creados para esto...
Hoy,más que nunca, trabajamos con equipos distribuidos y personas que van de un lado al otro. Muchas veces de país en país. Ya no es el momento de tratar de controlar y esperar que todos actuen de la misma manera. Es imposible manejar a un equipo de esta manera.
Las personas que conforman nuestras organizaciones no son niños de primaria y cada una de ellas cuenta con un potencial increíble que puede aportar a la organización. Tan solo les debemos decir que se espera de ellas, de su equipo y de la organización. Es acá donde los estándares pueden trabajar maravillas para su empresa. En dar un lineamiento de a donde se debe llegar. No como se debe llegar.
Los estándares deben ser parámetros de calidad, resultados. Guías de conducta de convivencia esperada. No manuales de comportamiento diario. Los estándares deben ofrecerle a los miembros de los equipos una guía de que se espera de ellos. Deben sentar las reglas generales del juego. No más. El resto está en cada uno de los jugadores. Cada uno de ellos debe ponerle su estilo al día a día. Cada uno debe encontrar la mejor manera de hacer algo. Cada uno de ellos debe aportar su toque personal y hacer crecer al equipo. Recuerde, las personas en su equipo no son franquicias.
Así que tenga cuidado y no estandarice nada más que lo que desea como resultado. El resto lo debe hacer su equipo. Si esto no funciona es hora de cambiar de personal.