Inquebrantable es la voluntad del ser humano cuando el espíritu es fuerte. Más que todo, la fortaleza del espíritu debe venir de el enriquecimiento de la mente y el sentido de propósito que lo invade cuando se llega a un cierto nivel de conciencia del ser. Este nivel de conciencia tan solo puede ser alcanzado por medio de un integro ejercicio de la mente y los sentimientos más profundos que han sido enraizados en la naturaleza humana.
Por medio de la meditación (oración), lectura y constante evaluación interna las personas deben obtener un nivel de conciencia del propio ser y su papel en el entorno que las rodea. Este cometido requiere de una cantidad significativa de energía por lo que podemos relacionar a este pensamiento la idea de la necesidad de cultivar el físico también. Es de imprescindible importancia contar con la energía corporal para poder llegar a un nivel de conciencia adecuado.
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